Castillo de Burgos

BURGOS I

Tipología:

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Nombre del Castillo:
Castillo de Burgos
Población:
Burgos
Provincia:
Burgos
Estado:
Ruinas
Datos de Interés:
El castillo de Burgos se alza en el cerro de San Miguel, lugar que fue elegido seguramente por ser un promontorio desde el que se divisa el resto de la ciudad y la llanura del río Arlanzón.

Esta antigua fortaleza, fue levantada en un lugar estratégico sobre la calzada romana que iba de Zaragoza a Astorga, para vigilar los movimientos de los sarracenos. Además de impedir el paso del enemigo hacia el reino de León.

En el año 884, reinando Alfonso III en Asturias, el conde Diego Porcelos tomo militarmente este cerro y levantó una pequeña fortaleza, para así poder vigilar el paso de los musulmanes y oponerse a sus razias e incursiones hacia los territorios de Cantabria y de León, pertenecientes por entonces a su reinado, con sede en la capital ovetense. Este rey está considerado como el último asturiano y el primero leonés. En torno a esta fortaleza, surgió la primitiva ciudad de Burgos, cuyo nombre parece provenir de la palabra germana “Burg”, que significa ciudad o villa, aunque también se sostiene que la palabra “Burgos”, podría significar “fortaleza en lo alto”.

Para su fundación se reunieron 6 conjuntos de casas que ya existían en el lugar, a las cuales se les añadió una muralla y un fuerte castillo en lo alto de un cerro para protegerlas. La ciudad se convertiría en la capital del condado y después en la del reino tras la independencia de Castilla de León.

La ciudad enseguida cobró una gran importancia como lugar de paso y protección de los peregrinos que se dirigían hacia Compostela, por lo que rápidamente se convirtió en sede episcopal.

Bajo el reinado de Alfonso VI de Castilla, la ciudad se convirtió en la residencia real. El castillo fue agrandado y convertido de mera fortaleza militar a palacio real.

Al tratarse de un palacio regio, sus salones han sido escenario de intrigas palaciegas y asesinatos políticos. Durante el reinado de Alfonso X el sabio se produjo uno de estos episodios. Ante la aparente debilidad del rey, su hijo y sucesor Don Sancho, temiendo que ser despojado de sus derechos al trono llevó a cabo una conjura para eliminar a los otros competidores al trono.

Don Fernando y Don Alfonso eran hijos del príncipe Alfonso de Castilla, primogénito y sucesor de Alfonso X el sabio. Debido a su candidatura al trono del Sacro Imperio Romano Germánico, Alfonso X había abandonado Castilla para hacer valer sus derechos, tiempo durante el cual el príncipe Alfonso se encargó de la regencia del reino.

En 1275 el príncipe falleció, por lo que se suponía que su hijo Alfonso, nieto de Alfonso X ocupara el trono. Sin embargo, las Cortes de Castilla nombraron sucesor legítimo a su tío Sancho, que gobernaría como Sancho IV desde 1284. Aprovechando la ausencia del rey, el ahora príncipe Sancho decidió eliminar a sus sobrinos para evitar cualquier posible reclamación de éstos al trono. Los infantes Alfonso y Fernando fueron apresados y asesinados, asegurándose el príncipe Sancho la corona a la muerte de su padre.

La ciudad y su castillo también son símbolos de la resistencia contra cualquier invasor. La ciudad no sólo sirvió como baluarte contra el enemigo musulmán. También lo fue contra los invasores del norte. En 1374 durante el periodo conocido como la Guerra de los 100 años, la ciudad de Burgos fue el punto de reunión de las tropas, que mandadas por Enrique II, rechazaron a los invasores ingleses reunidos por los duques de Lancaster y Bretaña.

En el castillo de Burgos también se tramó la conjura contra el condestable de Castilla Álvaro de Luna, hombre de Estado y una de las personas más influyentes del reino durante el siglo XV. Apoyado por la reina, varios cortesanos consiguieron marcar a Luna como un traidor y después de unos disturbios en la ciudad en abril de 1453 fue apresado, siendo finalmente ejecutado en Valladolid ese mismo año.

En los siglos XIV y XV estuvo bajo la tenencia de diferentes nobles y en particular de la familia de los Estúñiga. A comienzos del siglo XV, era un lujoso palacio donde se alojó Enrique III. Antes de concluir el siglo fueron frecuentes los enfrentamientos del castillo con la ciudad y el concejo burgalés que culminaron en la Guerra de Sucesión (1475-1479) en que los Estúñiga apoyaron a Juana la Beltraneja y la ciudad a Isabel la Católica, librándose una larga batalla que acabó con la rendición de la fortaleza en 1476, tras 8 meses de asedio.

Con la llegada al poder de los Habsburgo, la ciudad de Burgos fue poco a poco perdiendo protagonismo en los asuntos españoles. El castillo perdió protagonismo, convirtiéndose en un puesto militar de poca importancia hasta el siglo XIX.

En 1736, bajo reinado de Felipe V, fue destruido casi completamente por un incendio que duró varios días ante la indiferencia de la ciudadanía, quedando destruido casi en su totalidad.

El castillo de Burgos, en plena expansión de Castilla contra Al-Andalus durante los siglos IX-XIII, quedó bajo el control directo de los reyes de Castilla y se amplió para ejercer de prisión de nobles y, ocasionalmente, de lugar de celebraciones cortesanas. Este carácter marcadamente feudal, convirtió al castillo en residencia real, por lo que su arquitectura se adaptó tanto a usos militares como palaciegos y de gobierno.

Con la invasión napoleónica, los soldados franceses se establecen en la batería imperial. Conocen la vulnerabilidad de la parte norte de la fortaleza ya que allí se concentran la mayor parte de las galerías subterráneas. Por ello, se instalan en el cerro de San Miguel y construyen un avance defensivo conocido como hornabeque*, 4 años después el 13 de junio de 1813, el ejército francés. Acosado por las fuerzas hispano-británicas, abandonan la fortaleza, dinamitando la fortaleza que queda casi destruida, con el objetivo de hacer desaparecer cualquier material, bélico o documental, que pudiera serle útil al enemigo.

Pero sin dar tiempo a la evacuación de los últimos soldados. Más de 200 militares franceses mueren en la explosión, que estremece a toda la población. La iglesia de Santa María La Blanca queda destruida, se pierde buena parte de las vidrieras de la catedral y se producen daños en el antepecho de la torre del crucero, así como en la iglesia de San Esteban mientras, en la chopera del Carmen, se localizan bastantes cadáveres de soldados franceses.

El castillo de Burgos también cuenta con su leyenda, esta cuenta, que el conde Diego Porcelos, fundador de la ciudad, mandó construir una pequeña iglesia en el lugar donde una imagen de Nuestra Señora, oculta en una cueva en lo alto del cerro, fue encontrada por su hija, doña Blanca. Muy pronto alcanzó, por sus milagros, gran fama y devoción entre los burgaleses, quienes dejaron pruebas de su fe en las numerosas tumbas y capillas labradas a su costa. Durante la edad media fue una de las parroquias más importantes de la ciudad. La iglesia permaneció activa hasta la Guerra de la Independencia (1808-1813). La voladura del castillo arrastró consigo al templo, quedando después agregados sus restos arquitectónicos y gran parte de sus bienes muebles a la parroquia de San Pedro de la Fuente, que se reconstruyó en estos años y en donde aún pueden contemplarse.

 

El castillo podemos describirlo como un edificio porticado con 3 pisos abiertos al patio de armas. Fue levantado a base de mampostería, sillería y sillarejo, con una estructura simple y una planta poligonal.

Las murallas de la fortaleza, conforman 2 recintos concéntricos.

-El interior está constituido por una muralla de gran grosor (2,30 metros de ancho) con torres almenadas distribuidas en su contorno y que se conforman como elementos de defensa y contrafuerte. Son torres (10) de planta circular y rectangular, adosadas a la muralla y hay alguna torre que está exenta, denominada esta torre albarrana. La torre albarrana se unía a la muralla en su parte superior por un paso de madera o un arco. En el interior del recinto se distinguían 2 grandes edificaciones. Por un lado se encontraba el palacio real, de estilo gótico y por otro, un gran edificio que servía para fines militares. Entre ambos había un amplio espacio que hacía las veces de patio de armas.

-El recinto exterior, servía como primera línea defensiva, es de menor altura y su función es dificultar el ataque directo al recinto principal. Esta muralla se complementa con otros elementos defensivos, como torres, foso y la propia topografía natural del terreno. En esta parte también se encuentra, el aljibe, toda una red de galerías subterráneas y su magnífico pozo.

Lo mejor conservado de esta muralla, son las puertas. Las más conocidas con el Arco de Santa María, obra renacentista realizada en honor al emperador Carlos V. Tiene forma encastillada y en diferentes hornacinas aparecen las estatuas de personajes ligados a la historia de la ciudad como Diego Porcelos, Fernán González, El Cid, los jueces Laín Calvo y Nuño Rasura, además de la del propio emperador que la preside en la parta más alta. Otras puertas de la muralla son las de La Judería, San Martín y San Esteban. Las 2 últimas son de arquitectura mudéjar.

El pozo, es una verdadera obra de ingeniería medieval, que abastecía de agua a los moradores del castillo. Está realizado en su totalidad con sillares perfectamente escuadrados, formando un cilindro central de 63,5 metros de profundidad y un diámetro interior de 1,7 metros, circundado por 6 husillos con escaleras de caracol de más de 300 peldaños, y cuya finalidad era el descenso al fondo del pozo para su limpieza y mantenimiento. Esta escalera comunica mediante una red de galerías subterráneas, que tenía como función la defensa del pozo.

En el castillo de Burgos, existía la posibilidad de envenenar el agua accediendo al pozo a través de minas subterráneas. Por tanto, la defensa a esta estrategia es crear una “contramina” que impida al enemigo acceder al pozo. Para completar este complejo sistema defensivo, está la galería” cueva del Moro”.

Esta “cueva del Moro”, es un estrecho pasillo tallado en la roca que comunica el pozo con una cueva situada en los 2 recintos amurallados del castillo (se refuerza con trampas: en los 2 extremos de la galería se abren 2 profundos fosos difíciles de salvar).

Las galerías, están abiertas a una profundidad de entre 6 y 10 metros, tienen su origen en las minas y contraminas construidas con motivo de los asedios. Las más antiguas se remontan al siglo XV, pues se excavaron durante el sitio de 1476.

El castillo carece de torre del Homenaje, el elemento emblemático de los castillos medievales, en su lugar se levantó el palacio que sirvió como residencia real de Alfonso X.

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