Castillo de Valderrobres

VALDERROBRES IV

Tipología:

Icono_Castillo

Nombre del Castillo:

Castillo de Valderrobres

Población:

Valderrobres

Provincia:

Teruel

Estado:

Deteriorado

Datos de Interés:

Los inicios del castillo de Valderrobres tienen lugar a finales del siglo XII, cuando coincidiendo con la Reconquista, se nos muestra como un torreón defensivo.

En 1307, el arzobispo de Zaragoza se convierte definitivamente en señor feudal de estos territorios construyendo la Iglesia gótica y parte de la planta baja del castillo, a partir de 1390, el arzobispo García Fernández de Heredia reemprende las obras transformando definitivamente la vieja torre defensiva en un palacio que le sirviera de residencia a él mismo y a los muchos señores que en aquella época pasaban por esta zona en sus viajes.

A mediados del siglo XV, un nuevo arzobispo concluyo las obras, reformando además la segunda planta del castillo, dándole un enfoque más utilitario como almacén y termina las estancias altas, así como el muro del patio de armas y los accesos. A partir del siglo XVI, el castillo queda como una residencia del Arzobispo de Zaragoza raramente utilizada.

El castillo es de planta hexagonal irregular, con fachadas rectas pero de desigual tamaño. Se sitúa en la parte alta de la población, controlando el rio Matarraña y los pasos de la cercana población de Beceite. El castillo está construido con piedra sillar bastante bien trabajada, ocupando una superficie total de 1.000 m2. Su disposición es la habitual, alrededor de un patio interior elevado se distribuyen las diferentes estancias, en varios pisos.

Sobre la puerta que en su día utilizaba la nobleza se encuentra el escudo de siete castillos del arzobispo Fernández de Heredia. Desde el recibidor, donde antiguamente se descabalgaba podemos acceder a la escalera principal y a las caballerizas, que son la única sala que conserva su techo original, una impresionante bóveda de cañón apuntada.

Subiendo por las escaleras desde el recibidor, encontramos enseguida la Sala Capitular. Esta habitación de la planta baja del castillo, tiene la peculiaridad de estar rodeada por un banco de piedra. Aunque su utilidad original podría ser muy distinta, es posible que en los tiempos del palacio se utilizara como una sala de espera, donde los visitantes ilustres esperaban el momento de ser atendidos por el señor.

En la primera planta, entramos el salón de las Chimeneas. Es la sala más grande y señorial del castillo. Como todas las de la primera planta, tenía como prioridad la comodidad del señor y por eso encontramos en ella hasta tres chimeneas y cinco ventanas “festejadoras”. Estas ventanas son propias de muchos castillos palaciegos y permitían al señor sentarse a disfrutar de las vistas exteriores en sus bancos paralelos. El escudo de la familia Fernández de Heredia, casi omnipresente en toda la planta baja y primera planta del castillo, aparece aquí en un punto privilegiado coronando la sala.

A partir del salón de las Chimeneas, accedemos a otra sala hoy diáfana, pero que en su momento estaría dividida en al menos tres partes. La principal sería la del centro, que abarcaría la primera ventana festejadora y la chimenea. Tendría distintos usos según quien fuera el señor que habitase el castillo, desde despacho, hasta sala de estar.

La Cocina tiene uno de los rasgos arquitectónicos más curiosos del castillo, las trompas que achaflanan las esquinas y duplican el número de lados de la planta para facilitar el cierre de la cúpula del techo. Junto a la despensa de la cocina está el pozo de agua, que accedía hasta un nivel freático debajo del castillo a su lado subimos por las escaleras hasta el patio de la segunda planta.

La segunda planta es lo mejor que queda de la vieja torre defensiva que daba origen al castillo. La cúspide de la roca natural en torno a la que estaba construida aun sobresale en el centro, mientras que la parte trasera conserva las ventanas “saeteras” pensadas para disparar las ballestas sobre posibles atacantes. Cuando en el siglo XIV el edificio pasa a ser un palacio, esta zona se convierte en un patio parecido al claustro de un convento o monasterio.

A las estancias altas llegaremos por una escalera metálica que replica el trazado que en su día tuvo la original de madera. Aunque hoy en día la parte alta del castillo constituye uno de los mayores atractivos del monumento por sus espectaculares vistas, en sus orígenes, la utilidad fundamental de estas salas sería la de ser simples graneros, utilizados de tanto en tanto como habitaciones para el servicio,.

En el patio se encuentra la escalera de servicio que conectaba este último con la puerta trasera del castillo. Si continuamos el descenso a partir de la puerta trasera, llegamos a la que era la parte más discreta y oscura de todo el edificio, donde están situadas las mazmorras, el acceso al subterráneo y el primitivo pasadizo que comunicaba con la iglesia.

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