Castillo de Torrecitores

TORRECITORES DEL ENEBRAL I

Tipología:

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Nombre del Castillo:

Castillo de Torrecitores

Población:

Torrecitores del Enebral

Provincia:

Burgos

Estado:

Deteriorado

Datos de Interés:

Las primeras noticias referidas a Torrecitores datan del año 1054, cuando doña Muñadona entrega sus bienes al Monasterio de San Pedro de Arlanza, entre ellos los que tiene en Torrecitores, mencionado como “Aceptores”. El término torre se une posteriormente, en el siglo XVIII la población se empieza a conocer como Torrecitores, probablemente para no confundirle con el pueblo de Citores del Páramo, incluyendo en su nombre uno de los elementos fundamentales de la Castilla altomedieval, la torre como complemento del castillo del alfoz.

La torre fue el símbolo más claro del señorío que dominaba en este pueblo, en el cual los vecinos, fueron durante siglos simplemente arrendatarios. La villa y su coto fueron propiedad de la familia Torquemada, una de las más poderosas de Burgos. Los Reyes Católicos dieron posesión de Torrecitores a su servidor don Juan de Ortega, primer obispo de Almería, que yace en las Monjas Doroteas de Burgos.

En 1461, el concejo de Burgos acordó constituir una milicia al mando de Pedro de Cartagena y otros regidores para apoderarse de “las casas fuertes de Villagutierre, Citores y otras del distrito” en las que se refugiaban ladrones y caciques.

Los Torquemada, unidos con los Cerezo, fueron mayorazgos y señores de la villa hasta 1709, año en que la titular, doña María Bibiana Cerezo, casó con don Fernando de la Cerda Dentí, marqués de la Rosa. Su nieto y heredero resultó revolucionario y murió exiliado en París en 1829. Ya en el siglo XX perteneció a Doña Leonor Saavedra Collado de Salamanca y Alcázar, marquesa de Viana y vizcondesa de la Rochefoucauld, de ella pasó a su única hija, Silvie Mencie Françoise de la Rochefoucauld, que vendió las posesiones a 27 jornaleros en 1982.

 

La torre primitiva, que conforma el núcleo central de la fortificación tiene 3 niveles, separados por bóvedas de cañón apuntado. Pudo ser construida a finales del siglo XIV o principios del XV. Posteriormente se rodeó la torre existente con una camisa, tapando varias saeteras y tragaluces. En el siglo XVI se levantó el último piso de la torre y se colocó la cubierta sobre un muro sin almenas llegando a una altura que ronda los 30 metros.

La construcción de la camisa amurallada externa derivó en que la planta baja quedase sin luz ni ventilación. Conserva macizas bóvedas y es bastante probable que fuese utilizada como calabozo (de hecho, existe una abertura desde la planta superior que pudo ser usada para proporcionar alimentos e incluso hallamos un olvidado cepo).

Desde el acceso a ras de suelo se puede acceder a estas oscuras estancias o bien subir a al nivel superior de la camisa. Se efectúa este ascenso por una bonita escalera en piedra en el que se localizan hasta tres puertas. Una vez arriba, a un nivel bastante elevado para tratarse de un simple adarve, tenemos ya buenas vistas del entorno.

Desde aquí se puede ingresar de nuevo en el cuerpo principal. Los elementos interiores se encuentran en estado precario, pero se asemejan más a las construcciones de época que otras fortificaciones reformadas. Los suelos y las escaleras son de madera y las divisiones entre pisos son tabiques estrechos de madera de enebro, adobe y yeso.

La segunda planta es la principal, destacando una ventana ajimezada en el salón principal. Desde el exterior es fácil distinguir la última reforma del edificio, ejecutada en el siglo XVI. En la misma se elimina el almenado de la torre central y se eleva un piso más, además, se cubrió con tejado a cuatro aguas. Esta planta está construida con sillares a diferencia del sillarejo del resto de la obra.

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