Castillo de Riba de Santiuste

RIBA DE SANTIUSTE V

Tipología:

Icono_Castillo

Nombre del Castillo:

Castillo de Riba de Santiuste

Población:

Riba de Santiuste

Provincia:

Guadalajara

Estado:

Deteriorado

Datos de Interés:

El castillo está encaramado en lo alto de un cerro inaccesible y en un excelente estado, por su última restauración. Su fortaleza es notable, el asedio debía llevarse a cabo cercando el cerro y no la propia fortaleza, debido a la gran pendiente de las laderas.

Por su características y disposición, debió ser erigido entre los siglos XII y XIII.

En la época musulmana se tiene la certeza del primer recinto fortificado, que formaría parte de la línea de defensa levantada en el siglo IX contra las primeras incursiones cristianas en el Valle del Duero. El origen de su nombre, Santiuste, parece proceder de un poblamiento anterior visigodo llamado Rippa Saint Iust, y que se ubicaría en el vecino cerro del castillejo, pero del que hoy no quedan restos.

Los árabes respetarían la antigua nomenclatura, por el que se había conocido el castillo en memoria del Santo niño Justo, martirizado en la villa de Complutum (Alcalá de Henares) en tiempos del emperador Daciano. El entorno donde se encuentra la Riba de Santiuste explica perfectamente porqué desde antiguo los hombres fijaron en estos parajes su residencia el valle del río Salado, que pasa justo a los pies, fue explotado desde época romana en las vecinas salinas de Imón, y este fue uno de los corredores principales utilizados desde la prehistoria en la comunicación del valle del Ebro con la meseta.

En el año 1060 la Riba pasa a manos cristianas de la mano del rey Fernando I de Castilla y León, aunque no de forma definitiva. Será su hijo Alfonso VI quién, aprovechando la conquista del reino taifa de Toledo se hace con el dominio definitivo de estas tierras. En el año 1121 el castillo pasa a formar parte del obispado de Sigüenza con Bernardo de Agen a la cabeza.

Como curiosidad, en la catedral de Sigüenza puede admirarse la primera representación de la fortaleza en el sepulcro del obispo Fernández de Luján. En el siglo XII se repobla la comarca, y el castillo vuelve a pasar a manos de la Corona de Castilla hasta que en el año 1189 el rey Alfonso VIII la dona definitivamente al obispado seguntino.

Aunque no existen demasiados testimonios sobre los asedios que vieron contemplar estos muros, tenemos referencia de una andanada del año 1132 cuando el rey Alfonso VII concentró nada menos que a “setecientos caballeros de seña”, antes de dirigirse con sus tropas a Morón de Almazán donde Alfonso I el Batallador estaba amenazando la villa. Debemos imaginar por tanto que ya entonces la Riba era una fortaleza de grandes dimensiones y sobrada disposición militar.

Es una fortaleza estrecha, adaptada al cerro en que se asienta, tiene noventa metros de largo por catorce de ancho, siguiendo la línea norte-sur. El acceso está defendido por dos torreones, y es interesante fijarse en el estrecho camino que llega hasta la puerta, el cual dificultaría aún más el paso de los atacantes.

El primer espacio es un patio de armas de reducidas dimensiones, a través del cual se pasa entre un complejo de cuatro torres y diversas estancias, que desembocan en un nuevo patio, posiblemente destinado a las cuadras, y rematado en una torre pentagonal que defiende el extremo norte.

En el interior del castillo encontramos dependencias diversas, chimeneas, y diversos elementos procedentes de la última restauración, como las almenas que lo coronan.

La primera noticia del castillo se tiene en tiempos del rey Alfonso VI, en el s. XII, cuando dona al obispo de Sigüenza D. Bernardo de Agén el castillo de Santiuste y la villa de la Rippa en sus inmediaciones.

En el siglo XV fue tomado al asalto por las fuerzas navarras, usándolo como base de operaciones para saquear Sigüenza y su tierra. Su obispo Luján encargó al deán López de Madrid que lo recuperara, cosa que consiguió tras un asedio de cinco meses. Al deán, se le subió la victoria a la cabeza, y acabaría autonombrándose obispo, manteniéndose como señor de Sigüenza, excomulgado y todo. Sólo la toma al asalto del castillo de Sigüenza pudo reducirle.

En el s. XIX las tropas francesas lo volarían durante la Guerra de la Independencia para que no sirviese de refugio a los guerrilleros.

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