Castillo de La Peña de Martos

Castillo de La Peña, Martos IV

Tipología:

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Nombre del Castillo:
Castillo de La Peña de Martos
Población:
Martos
Provincia:
Jaén
Estado:
Restos
Datos de Interés:
El castillo de La Peña, está ubicado sobre un cerro desde el que domina una región de gran importancia estratégica del Valle del Guadalquivir.

Durante la época visigoda fue sede episcopal y sus representantes aparecen entre los suscriptores del concilio de Ilíberis del año 306 y posteriormente en algunos de Toledo. De esta época es la pieza arqueológica más importante aparecida en la localidad, el sarcófago paleocristiano que se conserva en el Museo Provincial.

Los orígenes de Martos son muy antiguos. Hacia el siglo VI a.C. ya era un importante oppidum ibérico, de aquella Colonia Gemella Tucci, que fundó el emperador Augusto hacia el año 14-15 a.C. con contingentes veteranos de las legiones III Macedonia y X Gémina que habían luchado en las guerras cántabras.

En el primitivo recinto ibero-romano, los musulmanes levantaron una primera fortaleza, consolidaron el recinto como plaza fuerte que se conoció como hisn Tuss, ampliando el perímetro delimitado por los romanos y rodeándolo de murallas y torres.

A finales del siglo IX, se produjo una rebelión de los encastillados muladíes contra el poder central de Córdoba, a la que se sumaron castillos como el de Tuss, con Fihr ben Asad, su jefe muladí al frente, pero una vez fue sofocada la rebelión y tomada la plaza de Martos, fue hecho prisionero y trasladado a Córdoba, donde fue crucificado en el zoco de las carnicerías. Después de aquellos sucesos, en el 912, Martos prestaba juramento de fidelidad al califa Abd al-Rahman III. Ya en el siglo X al-Muqaddasi, al referirse a esta población emplea por primera vez el término de Martus.

Martus estaba incluida en la cora de Yayyan (Jaén). Cuando, a principios del siglo XI, caído el califato, al-Andalus se fragmentó en más de 30 reinos o taifas, Martos pasó a formar parte del reino de Granada, gobernado por los Ziríes, pero hacia 1078 ó 1079 el emir Abd Allah se vio obligado a cederla al reino árabe de Sevilla, cuando el aventurero y poeta, Ibn Ammar se la arrebató al rey granadino.

Durante este periodo Martos tuvo una gran importancia estratégica y estuvo dotada de dos dispositivos defensivos, un castillo urbano y una importante fortaleza en altura, la denominada Peña de Martos, a los que hay que añadir el recinto amurallado de la propia ciudad.

Unos años después de la victoria de Las Navas de Tolosa, en 1225, ‘Abd al-Mu ‘min al-Bayyasi, jefe almohade de Baeza, con el objetivo de declararse independiente del califa ‘Abd al-Adil, rindió vasallaje al rey cristiano, Fernando III, al que le entregó Martos y Andújar, a cambio del apoyo del rey castellano contra el califa cordobés.

En 1226, el rey cedió el control de Martos y sus términos a don Alvar Pérez de Castro. 3 años más tarde el rey la entregó a la Orden de Calatrava. Desde aquel momento, y durante más de 3 siglos, Martos fue un importante bastión defensivo de la Orden Calatrava frente al reino nazarí. Por ello uno de los principales cambios acaecidos en la ciudad fue la reestructuración de la fortaleza musulmana. La orden montó un triple recinto: exterior, Alcazarejo y torre del homenaje, que a la vez articulaba otras líneas defensivas.

A partir de 1228, Martos se convirtió en centro de la Encomienda de la Orden de Calatrava en el reino de Jaén. Los calatravos, fortalecieron las defensas de la Peña y levantaron la torre del Homenaje y dotaron la fortaleza de capilla, aljibe, horno, molino y lagar.

La fortaleza, por encontrarse en territorio musulmán, sufrió continuos ataques árabes como el que, en 1227, le dirigió Abul-l-Ula, rey almohade de Sevilla, quien cercó la villa, el de 1243, cuando al-Hamar la atacó y dio muerte a su comendador, don Isidro, o el de 1325, cuando el rey nazarí, Ismael I, utilizó artillería de pólvora y logró que el aguerrido ejército granadino asaltara la alcazaba dando lugar a un cruento episodio.

Durante las guerras civiles entre Pedro el Cruel y el pretendiente Trastamara, el rey envió a Córdoba al maestre de Calatrava con el encargo de ajusticiar a don Gonzalo Fernández de Córdoba, pero el condenado puso tierra por medio. Sospechando el rey que el propio maestre podía haberle avisado, determinó matarlo y encargó de ello al entonces comendador de la Peña de Martos, Pedro Girón. Éste citó al Maestre para una entrevista con el rey en el castillo de Martos y lo apresó. Conquistada Granada y perdida su función militar, el castillo de la Peña fue abandonado en el siglo XVI.

 

De las ruinas del castillo de la Peña construido por la Orden de Calatrava a partir del 1340 sobre las ruinas de otra antigua fortaleza árabe, que a su vez se había levantado sobre las ruinas de otra una primitiva fortificación ibero-romana, ya sólo quedan restos de la torre del homenaje, el foso, el aljibe, la muralla y vestigios de varias torres. También quedan restos de la alberca, de la puerta principal y restos de un arco cordobés.

El castillo presenta una planta trapezoidal adaptada a la superficie de la meseta sobre la que se asienta y su entrada, por motivos de seguridad, marcaba un sendero serpenteante, para hacer más difícil su acceso, desde la ladera sur.

El recinto defensivo estaba dividido por un triple recinto: el Alcazar, el patio de armas protegido por un recinto amurallado y la torre del homenaje, que a la vez articulaba otras líneas defensivas.

El alcázar (donde se levanta la torre del homenaje), aprovecha un podio natural que lo eleva unos 3 metros por encima del patio de armas, separado por un ancho foso, también natural.

La torre del Homenaje, de base rectangular, se alza en el sureste en el sector más elevado. Tenía capacidad para albergar una amplia guarnición y está separada del resto del castillo por un foso artificial que recorre la cima de este a oeste. La fábrica de la torre es de mampostería colocada en hiladas regulares y trabada con mortero, aunque sus esquinas son de sillares de buena calidad y están bien labrados.

Constaba de 3 estancias, la primera, actualmente enterrada, aunque conserva sus bóvedas de medio cañón y 3 saeteras para su iluminación interior, la segunda, se dividía en 2 naves longitudinales y disponía de 3 vanos, y la tercera, casi derruida, disponía de al menos 3 saeteras.

En el NorEste, ubicado en la parte más baja del castillo, hubo un aljibe de 4 cuerpos para recoger el agua de lluvia vertida sobre la superficie de la explanada, de planta rectangular y fabricado en mampostería, de lo que fue su recubrimiento sólo quedan restos de como enlucían las paredes que quedaban totalmente acristaladas.

Se accede a su interior a través de 3 arcos de ladrillo de medio punto que sostienen las bóvedas de arista también de ladrillo.

Adosado al aljibe hay una alberca con 2 canalizaciones para la distribución de agua, también de planta rectangular y hecha a base de mampostería revestida con mortero. La alberca tenía capacidad para recoger el agua infiltrada en el terreno y aumentaba el potencial acumulador de agua del aljibe.

La construcción de la muralla sería similar a un muro de contención con el parapeto a nivel del patio de armas, mientras que, en el lado sur, que se asoma al impresionante precipicio de los Carvajales, bastó un simple parapeto del que apenas quedan restos.

La muralla que rodeaba el perímetro de la Peña tenía un número de torreones en su recinto escaso ya que las excelentes condiciones defensivas del lugar hacían innecesarias mayores defensas se encuentra en su mayoría derrumbada, excepto algunos vestigios como por ejemplo 1 Torre-puerta (que por su forma sugiere que la Alcazaba es de la época del Emirato (doble puerta en línea recta), 1 torre circular esquinera (que también tiene 1 piso enterrado), que es hueca y que tuvo 2 pequeños aposentos cubiertos con bóveda de ladrillo, otras 2 torres más, de planta cuadrada y macizas, que fueron construidas después de los muros, a los que sirven de contrafuertes y diversos fragmentos de la muralla.

 

Como muchos castillos, este de La Peña, también tiene sus leyendas. Como la que cuenta que el alcalde D. Alvar, encontrándose fuera de la fortaleza, la dejó a cargo de su sobrino, el joven D. Tello, que aprovechó para hacer una cabalgada de castillo contra territorios árabes, la cual fue aprovechada por un contingente árabe para atacar Martos.

Tuvo que ser la condesa Dña. Mencía de Haro, esposa de D. Alvar, la que salvara el cerco ideando la estratagema de disfrazar a las mujeres de soldados situándolas en las murallas y torres, lo que disuadió a los árabes de un rápido asalto al castillo al creerlo tan bien defendido, dando así tiempo al regreso de D. Tello para levantar el cerco.

Según otra famosa leyenda, desde la alcazaba se produjo el crimen contra los Hermanos Carvajales, llevado a cabo por el rey Fernando IV de Castilla y que (siempre según la leyenda) pudo costarle la vida al monarca.

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