Castillo de Hisn ashar

IZNAJAR

Tipología:

Icono_Alcazar

Nombre del Castillo:

Castillo de Hisn ashar

Población:

Iznájar

Provincia:

Córdoba

Estado:

Ruinas

Datos de Interés:

Se sabe que antes de la llegada de los musulmanes a la comarca ya existían fortificaciones con los nombres de Castra o Turrus. Lo más probable es que el castillo de Iznájar existiera antes de la llegada de los árabes a esta comarca, aunque su estado debía ser ruinoso y éstos se encargaron de reconstruirlo.

El castillo de Iznájar dio nombre a la población (referente obligado de su imagen y de su conformación urbana). La palabra Iznájar procede de la unión de los vocablos árabes Hisn y Ashar.

-El Hisn tenía en época árabe el significado de castillo en colina, construido normalmente en una elevación del terreno que dominaba todo su contorno.

Ashar por el contrario no tiene un significado concreto, aunque bien pudiera tratarse de un antropónimo (nombre de persona) y su origen sea anterior a la época árabe.

 

Las primeras referencias históricas del castillo de Iznájar se encuentran en las crónicas árabes con este nombre de Hisn Ashar.

En el año 886 el emir al-Mundir envió la caballería cordobesa al mando de Asbain ibn Futais contra los muladíes sublevados por Umar Ben Hafsún.

El asedio debió ser muy duro y la conquista difícil y sangrienta, debiendo sufrir las murallas los duros envites del enemigo, que consiguió demoler parte de ellas, penetrar, tomar el castillo y matar a sus defensores. A los 2 años murió el emir sucediéndole Abd Allah y la fortaleza volvió a tomar partido por ben Hafsún, sufriendo los asedios del nuevo emir.

La represión durante estos años debió ser muy dura como muestra el hecho de que en el año 912 los habitantes asesinaran a su gobernador Fasl ben Salama que se había sumado a la causa muladí enviando su cabeza a Córdoba en señal de obediencia.

Al acabar Abd al-Rahman III con la sublevación muladí y una vez pacificado al-Andalus, el castillo, que debió quedar maltrecho tras una época de luchas continuas, fue reconstruido, correspondiendo a esta época la mejor restauración realizada en los lienzos de murallas.

Hacia el año 1080, el último soberano de los Ziries, Abd Allah, mandó fortificar fuertemente el castillo, ampliando y protegiendo la almedina con unas fuertes murallas.

El primer recinto fortificado y la barbacana son obras de este periodo. Junto al castillo debió surgir un arrabal poblado por civiles, que obligó a construir su primer recinto fortificado para protegerlo. Este abarcaba el actual barrio de la villa.

El castillo mantuvo su importancia durante la etapa almorávide, almohade y nazarita, según señalaba al-Idrisi, en la segunda mitad del siglo XII, cuando dice que tiene un castillo bien fortificado con una población numerosa y una famosa alcaicería (al-qaysariyya). Para esta época el núcleo original se había convertido en una alcazaba, fortificación que era un conjunto militar y de gobierno propio de contextos urbanos, pensada para la protección de la medina y su población dependiente.

Nuevamente en el año 1240, durante la conquista de Rute, Benamejí y Zambra por Fernando III, el castillo volvió a tener protagonismo. En esta ocasión quedó en la línea fronteriza no llegando a ser conquistado, pues ya en el Pacto de Jaén, de 1246, Iznájar queda en la frontera perteneciente al reino granadino. Durante las campañas de 1314 y 1341 por Alfonso XI debió sufrir los asedios de las tropas castellanas, aunque en esta ocasión el temor a las lluvias impidió su conquista.

En febrero de 1362 el rey Pedro I, el Cruel, con la ayuda del depuesto rey nazarí Muhamad V abatieron y conquistaron el castillo. Pero 4 años más tarde, en 1366, fue el propio Muhamad V, tras su reposición en el trono granadino, quién lo recuperó para los nazaríes.

Ibn al Jatib en su Ihata, cuenta detalladamente la conquista de la Alcazaba de Iznájar por Muhamad V, narrando el incendio que se produjo en el castillo y los grandes destrozos ocasionados en sus murallas, así como su posterior reconstrucción dejando una fuerte guarnición de arqueros y aprestos de guerra.

Las tropas de Pedro Fernández de Córdoba tomaron definitivamente este recinto en 1434, en dura pugna con los moros que custodiaban la fortaleza. Tras su conquista fue reconstruido nuevamente y el rey castellano encomendó la custodia y defensa de la fortaleza al alcaide de Cabra don Pedro Fernández de Córdoba.

 

En cuanto a la fortificación se refiere, las laderas norte y noreste del promontorio son escarpadas, actuando como muralla natural, el resto presenta un perfil más suave que ha permitido el asentamiento del caserío.

En la construcción del castillo se aprecia el predominio de sillares de arenisca y de argamasa (obra propia de romanos y visigodos). Aunque las fortificaciones andalusíes, solían ser de tapial y sin almenas y empleando en general el ladrillo y la sillería sólo en puertas, esquinas o contrafuertes, esta fortaleza carece por completo del empleo de ladrillos en su cimentación.

El núcleo original del castillo está formado por una torre y una estancia originariamente rectangular de buena cantería, con gruesos muros y sillares a soga.

Las estancias subterráneas de la torre están cubiertas mediante bóvedas de semejanza visigoda, como puede verse en Santa Eulalia de la Bóveda, Santa Comba de Bandes, la Cripta de San Antolín, etc. También tiene carácter visigodo el despiece del arco de entrada a la cámara principal, que culmina con la unión de dos dovelas en lugar de hacerlo mediante la clave, característica de mediados del siglo VIII.

Este núcleo original sería el primer templo cristiano que debió hallarse emplazado en el sector central del poblado íbero-romano y en el punto más eminente del mismo, y en el mismo edificio o quizá en el inmediato a la torre continua del que todavía resta una buena parte, aunque con adiciones posteriormente superpuestas y que acusan menor antigüedad. Las obras de cimentación de la muralla medieval cortaron estos niveles destruyendo parte de las estructuras, que posiblemente corresponden a parte del asentamiento humano situado en la ladera del cerro. Este descubrimiento es muy importante para confirmar arqueológicamente el hábitat que se suponía en el lugar desde épocas antiguas.

La entrada se realiza a través un arco de medio punto formado por seis dovelas apoyadas sobre salmedes convexos y muy desarrollados. El paso del muro está cubierto por un dintel, y presenta a ambos lados huecos rectangulares para albergar las puertas y que éstas no obstaculizaran el paso cuando estuvieran abiertas. Este sistema se utilizó también en las puertas de entrada de la iglesia visigoda de San Pedro de la Nave (Zamora), que data de finales del siglo VII. El único vano que da luz es una saetera cubierta por una bóveda de medio cañón. Los vanos de luz son igualmente característicos de iglesias como la citada, o las de Quintanilla de la Viñas (Burgos) y San Juan de Baños (Palencia).

La puerta del castillo conducía directamente al patio de armas, pues el recodo que se advierte en el plano es consecuencia de la construcción de un zaguán a fines del siglo XVIII. Su datación es probablemente nazarí, con arco rebajado, como el de la puerta de Siete Suelos de la Alhambra. Aquí se observa muy claramente otra de las características más singulares de los castillos califales, que son las puertas de costado o accesos en zig-zag para evitar los golpes de ariete. El Estado Omeya construía fortalezas de planta cuadrada, con torres cuadradas en los ángulos y rectangulares en los paños de muralla, con puerta de acceso directo, que continuaría durante la época califal (casos de Álora y Marbella). Una de las características de los castillos andalusíes es la colocación de una torre exenta y más alta que la muralla en una esquina, para proteger la entrada principal del castillo, torre que algunas veces estaba unida al lienzo de muralla, como en el caso de Iznájar, y cuya misión era hostigar al enemigo, por lo que es posible la existencia de una antepuesta en la unión de la prolongación de la barbacana con dicha torre.

La torre del homenaje se sitúa al lado de poniente, siendo esta, la torre principal del castillo (la más alta, la más fuerte y emplazada en el lugar de más fácil defensa).

Era el lugar más protegido y en caso necesario podía convertirse en el último núcleo de resistencia.

Esta torre es maciza en su primer cuerpo, es de tapial con piedras labradas en su parámetro y se accede a ella desde el adarve a través de una puerta adintelada. En su interior, en la parte superior, hay una pieza rectangular cubierta por una bóveda esquifada, de la que arranca la escalera para subir a la cubierta almenada.

Bajo la torre del homenaje, en el recinto murado, se aprecian los sillares almohadillados propios de las construcciones ibéricas y romanas.

El castillo debió estar protegido por un foso seco, denominado también hoyo de lobo o trinchera, como se aprecia en la base de la torre del homenaje, espacio que fue posteriormente rellenado formando la liza. El foso seco se prolongaría por delante de la puerta, donde se situaría el puente levadizo.

El castillo contaba también con el adarve, que entre los siglos XIII al XVI era un muro o muralla interpuesto como defensa, y que a partir de esa fecha se empezó a denominar al paso que va por encima de la muralla.

Junto al adarve meridional o camino de ronda se encuentra el aljibe de planta es cruciforme, pues de la pieza central cuadrangular parten cuatro galerías cubiertas por bóvedas de medio cañón.

A través de la torre se accede a la albacara o patio de armas, de forma trapezoidal, donde se encuentra un magnífico aljibe de sillería de piedra caliza, de planta cuadrada, con un gran pilar rectangular en el centro, del que voltean 4 arcos apuntados góticos también de sillería, de gran esbeltez y altura, que dan un aire grandioso al depósito de agua.

La cubierta se encuentra pavimentada con guijas de rio, formando un dibujo radial, con cantos rodados negros que, partiendo desde el centro, asemejan los rayos solares, y donde existen unos sumideros circulares de piedra, formando un conjunto muy interesante y digno de un estudio pormenorizado.

Los arcos al ser apuntados llevan la atención hacia el siglo XV en la época gótica, sin embargo, es posible que este aljibe o depósito de agua haya sustituido a otro de época islámica situado en este lugar, o que el depósito musulmán se encuentre en otro punto del castillo.

También junto al aljibe y bajo el subsuelo del patio de armas, existe un gran espacio abovedado con sillares y suelo de forma cónica, cuya utilización. posiblemente, fuese de silo.

El pavimento del resto del patio de armas es también de cantos rodados claros, formando franjas con hiladas de cantos rodados negros.

 

Fue remodelado en el siglo XVIII para acondicionarlo como vivienda del administrador del Duque de Sessa, función que mantuvo hasta principios del siglo XX.

Visitable:

Enlaces Relacionados: