Castillo de Cuéllar o de los Duques de Alburquerque

CUELLAR

Tipología:

Icono_Castillo
Nombre del Castillo:
Castillo de Cuéllar o de los Duques de Alburquerque
Población:
Cuéllar
Provincia:
Segovia
Estado:
Buen estado
Datos de Interés:
El castillo de Cuéllar o de los Duques de Alburquerque está situado en la parte más alta de Cuéllar y de él nacía la muralla defensiva, que rodeaba totalmente el núcleo urbano y de la que aún quedan varios lienzos y puertas, es una de las fortificaciones más interesantes de la Corona de Castilla.

La primera documentación en que se le cita data de 1306, aunque sus orígenes, a tenor de ciertas evidencias arqueológicas, podrían remontarse como fortificación principal de la cabeza de Comunidad de Villa y Tierra cuellarana hacia finales del siglo XI o principios del XII. En los siglos sucesivos, bajo el patrocinio o al menos el consentimiento regio y siempre con una finalidad defensiva, consta documentalmente que sería objeto de varias reformas y ampliaciones.

En 1433 el castillo de Cuéllar fue cedido por el monarca Juan II al Condestable Álvaro de Luna, quien durante las 2 etapas de las que fue su señor del 1433 al 1439 y del 1444 al 1453, iniciaría una serie de obras consistentes en, aprovechando 2 lienzos subsistentes de la primitiva muralla y de la mano del reputado arquitecto Juan Guas, cerrar la fortaleza por sus lados Norte y Este, además de erigir en la intersección de ambos una Torre del Homenaje.

Tras la muerte del Condestable, el castillo de Cuéllar pasó de nuevo a tenencia regia, siendo poco después cedido en régimen de señorío por Juan II a su hija y futura reina castellana Isabel la Católica. Sin embargo, su hermanastro y aún entonces monarca Enrique IV, incumpliendo el testamento de su progenitor y predecesor en el trono, desposeyó a Isabel en 1464 de la fortaleza, siéndole cedida a su valido Don Beltrán de la Cueva como compensación a su renuncia al Maestrazgo de la Orden de Santiago debido a la incomodidad que su nombramiento causó entre los nobles castellanos.

Así, de la mano de Don Beltrán de la Cueva, la fortaleza quedaría definitivamente en manos del Ducado de Alburquerque, siendo sometida de nuevo a diversas intervenciones consistentes en un primer momento en reforzar el cinturón defensivo por temor a represalias de las huestes isabelinas y posteriormente ya recuperado el favor real por parte de Don Beltrán, centradas por parte de las siguientes generaciones del ducado en transformar la construcción militar en una sofisticada residencia palaciega, para lo cual, se recurrió a arquitectos de la talla de Hanequin de Bruselas, Juan de Álava o los Gil de Hontañón.

Ya en plena edad moderna, el Ducado de Alburquerque trasladó su residencia principal a Madrid, quedando la fortaleza como temporal y de recreo, comenzando así un progresivo proceso de deterioro y degradación. En el siglo XIX, el castillo sirvió de acuartelamiento durante la Guerra de la Independencia y ya en el XX fue utilizado como prisión de presos políticos primero, como sanatorio de tuberculosos después, hasta que, tras unos años de abandono y saqueo.

 

En su construcción, se usaron una mezcla de los estilos arquitectónicos que se utilizaron durante los siglos XIII al XVII, predominando el gótico y el renacentista.

El castillo de Cuéllar queda protegido en su perímetro exterior por un primer recinto compuesto por un foso y una potente barbacana dotada de torreones, equipamientos de medida de protección ante posibles ataques de la futura reina Isabel, recién desposeída de la tenencia de la fortaleza.

El núcleo principal presenta una planta ligeramente rectangular reforzada por torreones angulares, siendo 3 de ellos de planta circular, mientras que solo el del vértice suroccidental fue concebido con una planimetría cuadrada.

Al exterior, su fachada más interesante es la orientada al sur, dotada de una elegante galería renacentista en su cuerpo alto fruto de la transformación del edificio de función defensiva-militar a finalidad estrictamente palaciega y residencial.

En el extremo oriental de dicho hastial sur, justo a los pies del único de los torreones cuadrangulares del conjunto, se habilita la entrada principal del castillo, la cual, fue proyectada aprovechando el primitivo ingreso al recinto amurallado, donde aún son apreciables restos anteriores. Concebida al más puro estilo mudéjar, presenta un gran arco de medio punto bajo el que se enmarca el vano de ingreso propiamente dicho, contando el castillo, además, con una segunda entrada habilitada en el vértice nordeste accesible tras salvar un puente levadizo que comunica con un patillo que precede a la zona palaciega.

A excepción de la sencilla torre cilíndrica del ángulo noreste, las otras 3 torres principales del castillo son la Torre-Puerta del vértice sureste, la única cuadrangular, la conocida como Torreón de Santo Domingo en el suroeste y la Torre del Homenaje, elevada en la intersección de los muros norte y este.

La Torre de Santo Domingo contaba en origen con 3 cuerpos de los que solo los 2 inferiores han llegado a nuestros días. Se trataba de una torre de eminente carácter artillero dotada de una sala principal abovedada, capilla y zona de mazmorras.

La Torre-Puerta cuadrangular, además de la propia entrada, alberga en su interior 6 cámaras que fueron profundamente reformadas una vez que el castillo perdió su funcionalidad militar a favor de un uso residencial.

Es en esta torre donde la mayoría de expertos suelen situar el desaparecido Tocador de las Duquesas, estancia reiteradamente documentada por su suntuosidad y que probablemente se situaría en el lugar que hoy ocupa el pequeño corredor sobre el arco de entrada.

En el ángulo noreste se eleva la Torre del Homenaje, la más alta del castillo y que, en origen, tendría incluso mayor altura. Esta torre, edificada en tiempos de Álvaro de Luna, acoge en su interior una cámara principal abovedada con cuatro nervios y una superior denominada “Aula Maior” también abovedada, aunque, en esta ocasión, con 6 nervios.

En el interior, totalmente adaptado en época renacentista a su nueva funcionalidad residencial, las diferentes estancias del castillo quedan articuladas en torno al Patio de Armas, un gran espacio cuadrangular en cuya crujía sur fue levantada una elegantísima galería de dos pisos de sabor clasicista.

Es en este ala sur, del conjunto en el que se situaba la zona noble, con su salón de recreo, salón de recepciones y comedor.

En el ángulo suroriental, además, se halla la llamada Escalera Real, de carácter monumental y único acceso posible a los pisos altos.

Al oeste del patio se habilitaban los equipamientos domésticos y de servicios, mientras que, en la oriental, en su piso bajo se instaló la Armería Grande, considerada durante siglos la más completa de España y en el cuerpo alto la conocida como “Sala de las Moras”.

 

Durante sus siglos de historia ha tenido múltiples usos, tales como cuartel de Lord Wellington, refugio del General Hugo durante la guerra de la Independencia. Los soldados franceses estuvieron acuartelados varios años de forma intermitente en este castillo durante 4 años.

Es seguro que entre estas paredes se inspiró José de Espronceda, desterrado en Cuéllar en 1833, para escribir su novela romántica “Sancho Saldaña o el castellano de Cuéllar”.

En la actualidad alberga al Instituto de Enseñanza Secundaria “Duques de Alburquerque”, la Oficina de Turismo de Cuéllar, además del Archivo de la Casa de Alburquerque.

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