Castillo de Burriac o Castillo de San Vicente de Burriac

BURRIAC

Tipología:

Icono_Castillo

Nombre del Castillo:

Castillo de Burriac o Castillo de San Vicente de Burriac

Población:

Cabrera de Mar

Provincia:

Barcelona

Estado:

Ruinas

Datos de Interés:

El emplazamiento del castillo lo hace inmejorable para la vigilancia y control de un extenso territorio, con un dominio visual sobre el valle de Cabrera y buena parte de la comarca del Maresme, así como del arroyo de Argentona y el cuello de Parpers, importante vía de comunicación entre la costa y el interior. Por ello los iberos y luego los romanos utilizaron su cima como lugar de vigilancia.

La torre y los muros que hoy coronan la montaña son los restos del castillo medieval, conocido primero con el nombre de castillo de San Vicente y después, con el de castillo de Burriac. Es un magnífico ejemplo de castillo roquero* (castillo construido en la roca).

La primera construcción del enclave data de finales del siglo IX, se trata de una capilla prerrománica de una sola nave, cubierta con bóveda de cañón y cabecera plana, de la que actualmente sólo se conserva el ábside. Para la restitución de las partes desaparecidas se ha tomado como modelo la vecina capilla de San Cristóbal de Cabrils, de cronología similar.

En las excavaciones realizadas en 1993 se encontró una figurilla femenina de cerámica (del tipo de las llamadas tanagrines), fechada en entre los siglos II y I a.C. Esto hace suponer que ya en época ibero romana este era un lugar de culto, que como tantos otros fue después cristianizado con la construcción de una capilla.

En los siglos X-XI se construye el primer castillo roquero, no era una residencia, sino una fortaleza concebida para la defensa y control del territorio, símbolo de poder y prestigio.

El señor del castillo de Burriac no solía vivir, ya que prefería las comodidades del castillo de Vilassar, más importante y situado dentro de una población. En ausencia del señor, era el llamado castlà quien vivía en el castillo y la administraba en su nombre. Pero en el siglo XV Pere Joan Ferrer, entonces señor del castillo, decide instalarse allí, y lo reforma ampliándolo y dándole un uso más residencial, con la apertura de ventanales y salas más diáfanas.

El castillo tiene dos recintos principales: el recinto superior y el recinto inferior. Forman dos líneas de defensa de manera que, si el recinto inferior fuera conquistado por el enemigo, se podría resistir dentro del recinto superior.

El documento más antiguo conservado que hace referencia al castillo es del año 1023, que asegura que pertenecía a la condesa Ermessenda de Carcasona. Los condes de Barcelona mantendrán la propiedad hasta el siglo XIV, teniéndolo infeudado a las familias San Vicente, Castellvell, y Desbosc, como señores, caballeros.

Un testamento de 1313 es el primer documento donde se llama el castillo con el nombre de “Burriac”.

El 1471 el castillo pasa a manos de Pere Joan Ferrer, que se hacía titular “varón del Maresme”, que hace importantes reformas.

En 1532 la propiedad del castillo vuelve a la familia Desbosc, hasta el año 1671. Después el castillo queda abandonado y pasa por varios propietarios. Durante la Primera Guerra Carlista (1833-1840), lo que queda de castillo utiliza como cuartel.

Finalmente, en 1990 la adquiere el Ayuntamiento de Cabrera, y los años 1993 y 1994 se realizan trabajos de excavación y consolidación para evitar la degradación de los restos.

Dentro del castillo podemos distinguir diversos ámbitos, según su función: La torre del homenaje, el patio de armas, la capilla, las cámaras, la cisterna, sus almacenes y cuadras y el bastión sur.

La Torre del homenaje era la parte más importante del castillo y la más visible. Era de mejor apariencia que, de cabida, por lo grueso de sus muros. Si bien como habitación no tenía utilidad práctica, se convertía en cambio en inmejorable refugio, en caso de sorpresa o pérdida del resto del Castillo. Por eso a la torre se accedía por una puerta elevada, con una escala que se podía retirar. Sus muros, de un espesor de 120 cm, la hacían prácticamente inexpugnable.

La muralla tenía aspilleras bien dispuestas entre las almenas, que se abrían a direcciones estratégicas calculadas para la defensa.

Encontramos aspilleras de dos tipos: las rectangulares, para las flechas de las ballestas, y las que tienen una base redonda de piedra picada para reposar y hacer girar las armas de fuego (espingardas, culebrinas, ballestas de trueno) , que se popularizan a partir el siglo XV durante las Guerras de Juan II.

Las mazmorras, para mantener el poder sobre los vasallos, el señor del castillo no tenía bastante con la amenazadora presencia del castillo roquero, sino que además contaba con los instrumentos de castigo para someter a los insumisos y delincuentes. Castigos que, según los Usos, podían ser “romper pies y manos, arrancar los ojos, encarcelar por largo tiempo y en su caso, llegar al último suplicio, colgar sus cuerpos

Esta última sentencia se ejecutaba a las horcas, situadas en lugares bien visibles, normalmente marcando los límites del territorio. No es extraño, pues, que, a Cabrera (el lugar donde aún se conservan los agujeros en la piedra donde estaban clavadas las horcas del castillo de Burriac), se conozca con el nombre siniestro de “colina del Infierno“.

La capilla, estaba dedicada a San Vicente, quedó encajada entre las edificaciones del castillo. Se dijo misa hasta el año 1836, y se derrumbó pocos años más tarde.

Las cámaras, eran las habitaciones donde vivían los nobles, situadas en el recinto superior.

La cisterna, les proveía de agua, los habitantes del castillo tenían que recoger el agua de lluvia o ir a buscarla a las fuentes situadas en el valle. En caso de asedio, los habitantes del término se refugiaban en el castillo, y por eso era muy importante tener una buena reserva de agua potable. La cisterna se construyó estudiando la manera de que el agua se conservase potable durante largo tiempo.

La cisterna grande está situada en el recinto inferior, y hay otra más pequeña en el recinto superior, junto a la torre del homenaje.

Los almacenes y las cuadras, al igual que en el caso del agua, el castillo tenía que estar provisto de alimentos para resistir un largo asedio y quizás esta función es la que tendrían las estancias situadas al bastión norte. También en este ámbito, junto a la puerta de entrada, habría las cuadras de los caballos.

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